La primera etapa expresada tras la infección es la latencia III, cuya dependencia del
factor de transcripción específico de células B PAX5 garantiza el tropismo celular del virus. En
esta fase se expresan principalmente las proteínas latentes de membrana LMP1, LMP2A y
LMP2B; las proteínas nucleares EBNA1, EBNA2, EBNA3A, EBNA3B, EBNA3C y EBNA-LP;
así como los ARN no codificantes EBER1, EBER2 y los transcritos BART. En la latencia II se
expresan únicamente LMP1, LMP2A, LMP2B, EBNA1 y los transcritos EBER y BART. La
latencia I se caracteriza por la expresión exclusiva de EBNA1 junto con EBER y BART, y se
observa principalmente en el linfoma de Burkitt. En la latencia 0 solo se expresan EBER y
BART y, ocasionalmente, LMP2A (20).
Un mecanismo particular de evasión inmune en esta patología es la sobreexpresión de
las moléculas PD-L1 y PD-L2 en la superficie de las células tumorales. Esta sobreexpresión se
da tanto por la activación de vías celulares como JAK/STAT y NF-κB, como por la proteína
viral LMP1 del EBV. Al unirse PD-L1/PD-L2 a su receptor PD-1 en los linfocitos T, se inhibe la
respuesta inmunitaria antitumoral (20).
Por otra parte, la capacidad citotóxica de los linfocitos T CD8⁺ está inhibida, por dos
factores principales: una menor presentación de antígenos y por el reclutamiento de células T
reguladoras. Además, las células de Hodgkin y Reed-Sternberg secretan factores
inmunosupresores como IL-10 y TGF-β y quimiocinas como las CCL17 y CCL22, que
ayudan a crear un microambiente que tolera al tumor y le permite evadir el sistema
inmune (20).
Además de los mecanismos de evasión inmunológica previamente descritos, la
persistencia del virus de Epstein- Barr en las células tumorales del linfoma de Hodgkin se
relaciona con la expresión de proteínas de latencia viral que favorecen la supervivencia celular
y la progresión de la enfermedad. Entre ellas, LMP1 y LMP2A desempeñan funciones
relevantes al activar vías de señalización asociadas con la proliferación celular, la resistencia
a la apoptosis y la alteración de los mecanismos normales de control inmunológico. Estas
proteínas, además contribuyen al mantenimiento del fenotipo tumoral de las células de
Hodgkin y Reed- Sternberg, favoreciendo su permanencia dentro del tejido afectado (20).
Por otra parte, estudios recientes han demostrado que la interacción entre el EBV y el
microambiente tumoral desempeña un papel determinante en la evasión de la respuesta
inmunitaria. La sobreexpresión de moléculas inmunorreguladoras como PD-L1 y PD-L2, junto
con la modulación de células inmunitarias infiltrantes, genera un entorno inmunosupresor que
limita la actividad de los linfocitos T citotóxicos y facilita la persistencia del clon tumoral. Estos