pronto una pequeña sobrecarga no sólo evita meses de rehabilitación, sino que le da al
atleta la confianza para incursionar en el acto competitivo y exponer sus potencialisdades
sin el miedo constante a lesionarse.
5. Realizar ejercicios físicos preventivos de manera individualizado adaptado a la
característica morfofuncional del deportista.
Desde el punto de vista biológico es muy difícil que dos cuerpos sean iguales, y por
eso intentar proteger a todos los deportistas con la misma rutina de ejercicios es un error
muy común. Adaptar el trabajo preventivo a las características únicas de cada persona,
desde su estructura ósea y movilidad articular hasta su nivel de fuerza o historial de
molestias, es lo que marca la diferencia entre un entrenamiento genérico y uno realmente
inteligente. Cuando personalizamos los ejercicios pensando en cómo se desempeña el
atleta en modo particular, no solo se refuerzan sus puntos débiles y se equilibran las cargas,
sino que presupone la oferta de una herramienta específica, ajustada a su perfil, para que
entrene con seguridad y exprese su máximo potencial sin hacerse daño.
6. Realizar de manera correcta las estrategias de recuperación pos-competencia deportiva.
El trabajo de un deportista no se termina cuando suena el pitazo final o se cruza la
meta, de hecho, lo que se hace justo después de eso es lo que define cómo rendirá en el
siguiente reto. Aplicar bien las estrategias de recuperación, desde una buena hidratación y
un descanso de calidad hasta técnicas de descarga muscular, no es un lujo ni un capricho,
es la forma lógica y científica de devolver al cuerpo toda la energía que acaba de entregar.
Si el descanso se planifica con el mismo respeto y seriedad que los demás componentes
de las cargas de entrenamiento, no solo se vuelve más rápido el retorno a la acción, sino
que se evita ese desgaste silencioso que, tarde o temprano, provoca fatiga crónica o lesión.
Perspectivas en el siglo XXI
1. Tecnología al servicio del enfoque clínico deportivo.
La llegada de sensores inerciales, plataformas de fuerza y sistemas de análisis
predictivo, abren posibilidades muy interesantes para conocer el movimiento en tiempo real
(6). Sin embargo, el reto del futuro no será acumular datos, sino saber interpretarlos con
sentido común para diseñar programas preventivos verdaderamente útiles para el
deportista.
2. Reeducar el cerebro para proteger las articulaciones.
Cada vez está más claro que las neurociencias y el control del movimiento depende
de cómo el cerebro procesa la información en milésimas de segundo. Las nuevas